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domingo, 19 de junio de 2016

Música y afición


Me llama mucho la atención que los cordobeses acudan a La noche blanca del flamenco cuando el ambiente cultural de la ciudad es mínimo. La Orquesta de Córdoba languidece temporada tras temporada (en el magnífico concierto de despedida de la temporada del pasado viernes había poco más de media entrada en el teatro), el festival de la guitarra sólo llena cuando vienen grandes figuras del rock internacional y las actuaciones o edición de trabajos discográficos relacionadas con el flamenco es inexistente.

domingo, 17 de abril de 2016

El elixir de amor


Una agradable representación la que el viernes presenciamos en el Gran Teatro: El elixir del amor; obra del músico del XIX Donizetti producida por el Gran Teatro y el Teatro Villamarta de Jerez. Obra que gusta al aficinado y que puede llama la atención al neófito, por su vistosidad y la calida de su partitura. No haré una crítica miusical para la que, seguro, muchos están más prepararados que un servidor y que a buen seguro no les aportaría nada nuevo; sólo quisiera dejar constancia del buen hacer de varios cordobeses que han estado presentes en esta representación y que son protagonistas de la misma: el tenor Pablo García López, sensacional en la aria Una furtiva lágrima, Auxiliadora Toledano, quien, aparte de su buen hacer como soprano, aporta el tono desenfadado que necesita su papel; además, la Orquesta de Córdoba, el coro Ziryab, los directores de escena.... nos ofrecen una buena muestra de las posibilidades que tienen tantos cordobeses que se ven luego ahogados por la inexistencia de un ambiente cultural mínimo en nuestra ciudad.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Caña al "VOLUME"


El día ha sido largo y difícil. Hay una canción que se repite desde la mañana; no sé por qué, ni tiene explicación, sólo es una canción que hoy se ha enquistado en mis neuronas. Llego a casa, se ha hecho de noche, me cambio y raudo me dirijo al equipo Hi-Fi, nada de pijadas de Apple que suenan a canto de batracio. Corriente, "power on", el disco, volumen al 25% y... empieza Child of Vision, entran los teclados de Davies, pronto la batería. Subo volumen, el Nad se desenvuelve a la perfección con el rango dinámico; los matices y la definición de cada instrumento vuelan por la habitación; los Mission pueden con los bajos sin apreciar la más mínima distorsión, voces de Hodgson suenan a eco lejano, se eleva el tono, entra el piano marcando, casi jazzístico, mientras los ritmos se mantienen incólumes.

lunes, 31 de octubre de 2011

Alma de jazz

Disfrutar del jazz requiere de una cierta predisposición hacia la música. No estamos ante melodías pegadizas que se quedan pronto en nuestra memoria y que tarareamos sin parar mientras hacemos cualquier tarea. Tampoco sus intérpretes suelen ser los vistosos músicos de otros géneros, con una imagen peculiar y pensada para atrapar a quinceañeras deseosas de adorar a un mito. Incluso a los amantes del jazz nos cuesta acceder a nuevos estilos o tendencias, a músicos poco conocidos o a discografías que no nunca estarán en los "top ten". Los conciertos de jazz no requieren grandes despliegues de luminotecnia ni de watios sonoros, tampoco estadios llenos de fans que salten y griten al unísono, ni tan siquiera un escenario donde tocar sin estrechuras. El jazz funciona en pequeños locales, donde el público comparte un sentimiento, un gusto común por el ritmo y la sonoridad de unas notas improvisadas, pero ejecutadas con maestría.
Un dedo comienza a hacer vibrar la tensa cuerda del contrabajo y los pies de los espectadores, de inmediato, se dejan llevar por el ritmo incansable y vertiginoso. Respeto reverencial a la labor del quinteto, sonido de copas y cubitos de hielo y el saxofón, sin brillo en el metal, pero imponente en las notas, nos taladra el alma a base de bebop. Sólo una ausencia: el humo; una de las más odiosas leyes con la que este gobierno nos ha dotado acabó con esas volutas que se retorcían ante el resplandor de un foco blanco y que elevaban a lo etéreo al trompetista sudoroso y desencajado mientras acometía un solo en All Blues.
Hace unos días, en el Populart Café de Madrid grabé este vídeo de Bob Sands Quintet. Un placer. Suerte que tienen en Madrid....

miércoles, 19 de octubre de 2011

Sax


Hace unos días un amigo quiso mostrarme lo que había aprendido en el conservatorio, concretamente con el saxo, y puso todo su empeño y voluntad en el manejo de este instrumento con el puro afán de enhebrar unas notas con algo de sentido. Pude distinguir, no sin cierto esfuerzo, cierta melodía del cine que ha tenido gran predicación entre los niños y que fue versioneada, entre otros, por el gran Eric Clapton; se trataba de Somewhere over the rainbow, que, en manos de mi amiguete sonaba poco menos que infame. Y es que con el sonido de este instrumento de viento soy poco flexible; no soporto las medias tintas, ni compadezco la nota suelta. Aquí soy contundente, definitivo, sin piedad. Me sitúo entre los acérrimos defensores del saxo como sonido casi rotundo del jazz, como la mejor forma de expresar la síncopa, la melodía improvisada, y la nota sostenida que se pierde en la inmensidad del sonido de un cuarteto de bebop. ¿Cómo concebir un sonido que no sea el del saxo al escuchar a Charlie Parker, John Coltrane, Sonny Rollins, Gerry Mulligan, Cannonball Aderley, Dexter Gordon o Stan Getz?
Sí, el piano es más completo, el que seduce al oído, el que da una gama melódica íntegra o el que permite escuchar acordes simultáneos; pero el saxo es inherente al jazz, sólo al jazz y para eso lo inventó Adolphe Sax, curiosamente un belga, aunque me hubiera gustado que fuera un chico negro de las calles de Harlem, ensayando sus notas al viento del río Hudson, un chico que acabara tocando en los clubes de la calle 52 y que, años después, derrotado, mendigase unas migajas de jazz entre las bambalinas del Birdland.
No me olvido de él, de mi amigo, pues no dejo de aplaudir su tesón y perseverancia en el difícil empeño de dominar a este bello monstruo llamado saxo, aunque, eso sí, deseo fervientemente que sus profesores le impriman la máxima velocidad en el desarrollo de sus habilidades.