Cine, fotografía, literatura, jazz, educación.... todo lo que se me ocurra. Sin guión.
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domingo, 19 de junio de 2016
Música y afición
domingo, 17 de abril de 2016
El elixir de amor
lunes, 10 de noviembre de 2014
Caña al "VOLUME"
El día ha sido largo y difícil. Hay una canción que se repite desde la mañana; no sé por qué, ni tiene explicación, sólo es una canción que hoy se ha enquistado en mis neuronas. Llego a casa, se ha hecho de noche, me cambio y raudo me dirijo al equipo Hi-Fi, nada de pijadas de Apple que suenan a canto de batracio. Corriente, "power on", el disco, volumen al 25% y... empieza Child of Vision, entran los teclados de Davies, pronto la batería. Subo volumen, el Nad se desenvuelve a la perfección con el rango dinámico; los matices y la definición de cada instrumento vuelan por la habitación; los Mission pueden con los bajos sin apreciar la más mínima distorsión, voces de Hodgson suenan a eco lejano, se eleva el tono, entra el piano marcando, casi jazzístico, mientras los ritmos se mantienen incólumes.
lunes, 31 de octubre de 2011
Alma de jazz
Disfrutar del jazz requiere de una cierta predisposición hacia la música. No estamos ante melodías pegadizas que se quedan pronto en nuestra memoria y que tarareamos sin parar mientras hacemos cualquier tarea. Tampoco sus intérpretes suelen ser los vistosos músicos de otros géneros, con una imagen peculiar y pensada para atrapar a quinceañeras deseosas de adorar a un mito. Incluso a los amantes del jazz nos cuesta acceder a nuevos estilos o tendencias, a músicos poco conocidos o a discografías que no nunca estarán en los "top ten". Los conciertos de jazz no requieren grandes despliegues de luminotecnia ni de watios sonoros, tampoco estadios llenos de fans que salten y griten al unísono, ni tan siquiera un escenario donde tocar sin estrechuras. El jazz funciona en pequeños locales, donde el público comparte un sentimiento, un gusto común por el ritmo y la sonoridad de unas notas improvisadas, pero ejecutadas con maestría.
Un dedo comienza a hacer vibrar la tensa cuerda del contrabajo y los pies de los espectadores, de inmediato, se dejan llevar por el ritmo incansable y vertiginoso. Respeto reverencial a la labor del quinteto, sonido de copas y cubitos de hielo y el saxofón, sin brillo en el metal, pero imponente en las notas, nos taladra el alma a base de bebop. Sólo una ausencia: el humo; una de las más odiosas leyes con la que este gobierno nos ha dotado acabó con esas volutas que se retorcían ante el resplandor de un foco blanco y que elevaban a lo etéreo al trompetista sudoroso y desencajado mientras acometía un solo en All Blues.
Hace unos días, en el Populart Café de Madrid grabé este vídeo de Bob Sands Quintet. Un placer. Suerte que tienen en Madrid....
Un dedo comienza a hacer vibrar la tensa cuerda del contrabajo y los pies de los espectadores, de inmediato, se dejan llevar por el ritmo incansable y vertiginoso. Respeto reverencial a la labor del quinteto, sonido de copas y cubitos de hielo y el saxofón, sin brillo en el metal, pero imponente en las notas, nos taladra el alma a base de bebop. Sólo una ausencia: el humo; una de las más odiosas leyes con la que este gobierno nos ha dotado acabó con esas volutas que se retorcían ante el resplandor de un foco blanco y que elevaban a lo etéreo al trompetista sudoroso y desencajado mientras acometía un solo en All Blues.
Hace unos días, en el Populart Café de Madrid grabé este vídeo de Bob Sands Quintet. Un placer. Suerte que tienen en Madrid....
miércoles, 19 de octubre de 2011
Sax
Sí, el piano es más completo, el que seduce al oído, el que da una gama melódica íntegra o el que permite escuchar acordes simultáneos; pero el saxo es inherente al jazz, sólo al jazz y para eso lo inventó Adolphe Sax, curiosamente un belga, aunque me hubiera gustado que fuera un chico negro de las calles de Harlem, ensayando sus notas al viento del río Hudson, un chico que acabara tocando en los clubes de la calle 52 y que, años después, derrotado, mendigase unas migajas de jazz entre las bambalinas del Birdland.
No me olvido de él, de mi amigo, pues no dejo de aplaudir su tesón y perseverancia en el difícil empeño de dominar a este bello monstruo llamado saxo, aunque, eso sí, deseo fervientemente que sus profesores le impriman la máxima velocidad en el desarrollo de sus habilidades.
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