domingo, 17 de abril de 2016

El elixir de amor


Una agradable representación la que el viernes presenciamos en el Gran Teatro: El elixir del amor; obra del músico del XIX Donizetti producida por el Gran Teatro y el Teatro Villamarta de Jerez. Obra que gusta al aficinado y que puede llama la atención al neófito, por su vistosidad y la calida de su partitura. No haré una crítica miusical para la que, seguro, muchos están más prepararados que un servidor y que a buen seguro no les aportaría nada nuevo; sólo quisiera dejar constancia del buen hacer de varios cordobeses que han estado presentes en esta representación y que son protagonistas de la misma: el tenor Pablo García López, sensacional en la aria Una furtiva lágrima, Auxiliadora Toledano, quien, aparte de su buen hacer como soprano, aporta el tono desenfadado que necesita su papel; además, la Orquesta de Córdoba, el coro Ziryab, los directores de escena.... nos ofrecen una buena muestra de las posibilidades que tienen tantos cordobeses que se ven luego ahogados por la inexistencia de un ambiente cultural mínimo en nuestra ciudad.

Aparte de los cordobeses, yo destacaría el papel del barítono Enric Martínez-Castignani, espectacular en su interpretación de Dulcamara. En fin, algo más de dos horas que dejan la sonrisa y la satifacción en los rostros de los espectadores.
La sala casi llena el pasado viernes, lo que me deja, una vez más, decepcionado con mis vecinos. ¿Cómo es posible que una ciudad de 340000 habitantes y una provincia de otros 350000 no sea capaz de abarrotar un teatro que no llega a las mil localidades en un espectáculo de esta envergadura? ¿cómo no se puso el cartel de "Localidades agotadas"? Seguro que alguien saldrá diciendo que las entradas son caras, pero, como siempre, depende de las comparaciones: una entrada será cara si se compara con una caña, pero no tanto si lo hacemos con la cantidad de bebidas y comidas de dudoso gusto que mis congéneres consumen a diario en los abarrotados bares de la ciudad. Por cierto, un dudoso gusto que también se manifiesta en la indumentaria de una buena parte de los espectadores, quienes más parecen que están en el salón de su casa que en un acto cultural y social; no creo que sea demasiado elitista dejar por un rato las camisetas con dibujos y los pantalones raídos, así como pasarse un poco el peine por los cuatro pelos que le queda a más de uno.



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