jueves, 16 de mayo de 2013

El Día del Libro



Una lástima que en nuestra ciudad la cultura haya sido sustituida por el rancio costumbrismo más esclerotizado. 
La foto superior corresponde a la feria del libro de este año celebrada en el Gran Capitán. Bien es verdad que no había exceso de expositores ni de nuevos títulos con interés. Últimamente vemos los mismos nombres en las portadas de los volúmenes expuestos en las tres o cuatro librerías de nuestra alegre ciudad. Pero también nos apena que el Día del Libro pase con más pena que gloria por estas calles que sólo se ven transitadas para la fiesta y el copeo. Córdoba se recrea en la ignorancia y ensalza ideas que hace tiempo tendrían que haber dejado de ser el referente social. Y si no, lean la entrevista con uno de los baluartes de esta ciudad, de la que extraigo esta cita que no tiene desperdicio: "cuando uno termina su trabajo, llega a su casa y la mujer está fregando y no nos deja ni pisar, coge y se baja a la peña". Tras leer esto no puede sorprendernos que Córdoba siga ocupando los últimos lugares en edición de libros, como aparece reseñado en la información de ABC.

Y no vamos a mejor. Si buena parte de la sociedad cordobesa es así y piensa de esa forma, los libros no tienen cabida en los anaqueles de las viviendas. Antes habrá lugar para una televisión que imponga su ley a base de pulgadas, unos euros para gastar en bares y unas horas para consumir en batallas balompédicas. 

El peñista mayor

martes, 14 de mayo de 2013

El Via Crucis Magno



La Asamblea de Hermanos Mayores de cofradías agrupadas en Córdoba acaba de aprobar por mayoría la realización de un via crucis magno para el próximo 14 de septiembre, sábado. El proyecto, presentado por una comisión de la Agrupación de Cofradías, tiene las siguientes características:
Fecha: 14 de septiembre entre las 19:30 y las 20:30 h.(aún por determinar) da comienzo el recorrido oficial.
Recorrido: Todas las hermandades participantes tendrán un itinerario fijado por la Agrupación. Confluirán en un recorrido común que comenzará en la Cruz del Rastro para dirigirse por Ronda de Isasa, Puerta del Puente y Torrijos a la Catedral. También se prevé que el recorrido oficial se inicie en la Calahorra para seguir por el Puente Romano, Torrijos y Catedral.
Organización: Los pasos pueden ir acompañados de bandas en el itinerario individual, aunque en el común sólo tendrán el acompañamiento musical de un grupo de capilla para cada uno. Los cortejos se compondrán de: cruz de guía, diez parejas de cirios, estandarte con escoltas, presidencia, acólitos, paso con titular y acompañamiento musical.
Financiación: Está prevista la instalación de ocho mil sillas en el recorrido común, con lo que se pretende conseguir los ingresos que permitan dar unas aportaciones fijas a las hermandades para sufragar el gasto en bandas, así como realizar la compra conjunta de cera y flor para abaratar costes. La subvención económica dependerá de la venta de dichas sillas.
Participantes: Una vez aprobada la realización de este via crucis la Agrupación irá contactando con diferentes hermandades para obtener su participación en el mismo.

jueves, 9 de mayo de 2013

Cruces o desmadre





Ha terminado una semana importante para muchas de nuestras hermandades: Las cruces de mayo. Una semana de intenso trabajo en la que se busca la forma de aportar unos ingresos extraordinarios a las cofradías. Entiendo que el esfuerzo que todos hacemos ha de verse recompensado con ese dinero que tanta falta hace, sobre todo tras los dos años que llevamos de lluvia en este festejo. Al mismo tiempo, nos hacemos partícipes de una tradición que la Iglesia adoptó al cristianizar esas veladas paganas que en la antigüedad festejaban la primavera con bailes alrededor de un árbol y que con la escusa del hallazgo de Santa Elena de la Cruz de Cristo pasó a formar parte del calendario de conmemoraciones cristianas, concretamente el 3 de mayo; el atavío de una cruz era propio de vecinos de calles y plazas, quienes aportaban las flores de sus casas y bailaban y cantaban canciones típicas del lugar. Hasta aquí todo podría parecer que tiene un sentido, y que la conjunción de la remembranza de la Cruz y de las necesidades (cada vez mayores) de las hermandades hacen de esta fiesta un punto de encuentro bucólico e interesante para todos. Pero, querido lector, nada más lejos de la realidad. El caos que se apodera de la ciudad en el día festivo del primero de mayo (día del trabajo desde hace unos años) por mor de esta celebración, me lleva a pensar si esto no está tomando unos derroteros impropios de lo que debería ser una fiesta sencilla que se expande por las calles y plazas de Córdoba. El ruido insoportable de los altavoces hasta la madrugada, las concentraciones masivas de personas en estado de embriaguez, la suciedad, el rastro de orina que permanece durante días, los cortes de tráfico, las cargas policiales, peleas..... En fin, una desastrosa imagen para quienes nos ocupamos de intentar sacar adelante nuestras hermandades. 

Aun así, hay hermanos mayores que solicitan ampliar los día y el horario de las barras instaladas con el fin de hacer más caja, aunque no sé si nos paramos a pensar que cada vez nos parecemos más a la feria y el despropósito que ello supone. Los vecinos cada vez más disgustados presionan desde los medios de comunicación al Ayuntamiento y no tardaremos en ver prohibiciones y recortes en el desmadre que actualmente tenemos. 
Lo peor es que esto afectará a todas las cruces y a todas las hermandades, cuando no todas son iguales. También tenemos cruces familiares, que controlan las molestias que causan, que no tienen denuncias de vecinos ni apercibimientos de la autoridad, a las que se puede ir con la familia, con niños, sin arriesgarse; pero que pagarán por el modelo que otros han seguido y que tan pingües beneficios económicos les dan.
Entiendo que la Iglesia quiera quedarse sólo con la exaltación de la cruz del 14 de septiembre y que no desee tener mucho que ver con esos días que, como dice nuestro Ayuntamiento, son del “mayo festivo” y que centran en torno al día del trabajo (sin trabajar) lo que podría tener un mayor carácter religioso.


Fotos que no entiendo

Pese a la fama y la cotización, no sé qué esconden:






lunes, 6 de mayo de 2013

Balance cofrade




Ya sé que este año no hay demasiado que resumir, que el balance no quedará completo en tanto sólo tuvimos un par de días que podríamos calificar “casi normales”, pues la lluvia se convirtió en semana santa en el acompañante indeseado de nuestras cofradías; pero sí hay algo que me llamó poderosamente la atención. 


La semana santa de Córdoba que conocí en mi infancia tenía un elemento que me sobrecogía, que me impresionaba y me hacía desear con avidez que se acercara ese momento en que culmina cada cuaresma: El silencio. El silencio no eran cofradías sin bandas, era el profundo respeto y recogimiento con el que todos presenciábamos el paso del Señor de la Misericordia, de Nuestra Señora de los Dolores o del Santo Sepulcro. Palabras a media voz, un continuo persignarse ante el dolor de Jesús y su Madre, una lágrima de emoción e incluso el salto en el corazón con los sones de una marcha bien interpretada entre los tintineos del fleco de bellota. Claro que había “levantás”, la mayoría mal realizadas, idas y venidas de bambalinas sueltas y marchas poco acordes con la representación que se portaba. Pero había silencio y respeto.
Esta semana santa de 2013 ahonda más aún en el griterío generalizado en las calles, en los empujones y peleas por unos centímetros cuadrados de acerado, en los alaridos de “guapa” a nuestras vírgenes, como si se tratase de la Pantoja; en ese público inconsciente que cruza e interrumpe el tránsito de las hermandades y que se abalanza como animales contra los respiraderos y faldones de los pasos; esta semana santa se hunde en la sinrazón del espectáculo, del entretenimiento de familias “apalomitadas” como si estuvieran en el cine y que entretienen a los niños con estampitas y cera de los nazarenos; esta semana santa desciende a lo más soez y vulgar que podíamos presenciar, con costaleros y músicos que pretenden ser protagonistas del aplauso ignorante, con nazarenos adictos a las redes sociales y con unos dirigentes cofrades que debieran orientar sus cofradías en una dirección bien distinta.
Quien piense que hacemos una función mediática para entretenimiento de turistas y futboleros aburridos con sus niños están muy equivocados. Pero entre el desconocimiento y la pésima educación nos adentramos en una caverna peligrosa para nuestra semana santa.

lunes, 1 de abril de 2013

La Semana Santa de Ignacio Camacho



Uno de los grandes periodistas de opinión reflexiona sobre la Semana Santa:


La llamada de la sangre


IGNACIO CAMACHO

Por su arraigo comunitario, popular, la Semana Santa es también una celebración ecuménica, una fiesta del respeto

Hay un entrenador español de fútbol que incluye una curiosa cláusula en sus contratos. Esté donde esté, trabaje donde trabaje, en España o en el extranjero, se juegue un descenso o la final de un campeonato, obliga a sus equipos a autorizarles por escrito que la Madrugada del Viernes Santo podrá estar en su pueblo -de Sevilla- para sacar a su Virgen de costalero. Se lo prometió a su padre, que lo inició en esa devoción, y no firma si no se le garantiza la posibilidad de acudir a esa ancestral llamada de la sangre. Porque de eso se trata, al fin: de una voz que desde el fondo de los siglos apela a la tradición, a la fe, a los sentimientos y a las pasiones.
La Semana Santa no se puede separar de la religión, sin cuyos misterios del sacrificio y de la redención apenas resultaría un trivial teatro callejero, pero su fuerza social reside en su carácter abierto. Abierto a la belleza, a la sensualidad, al arte y a la memoria. Y también a una especie de comunión de fraternidad humana; conozco a muchos agnósticos que salen de nazarenos porque así se sienten vinculados al resto de su comunidad en un rito anual de encuentro con su cultura. Unidos en la liturgia penitencial con las raíces de su pueblo. Hace pocos años, en la localidad gaditana de Trebujena, un feudo tradicional del sindicalismo agrario, los comunistas que iban a salir para una manifestación en Sevilla fueron los primeros en acudir a salvar las imágenes de un incendio en la iglesia. En un impulso espontáneo trituraron de un solo golpe la rancia reminiscencia de esa izquierda quemaconventos que aún suscita cierta nostalgia en desnortados sectores del laicismo posmoderno. No fue una estampa del «Don Camilo» de Guareschi sino una demostración del arraigo que «los santos» -como ellos decían- poseen en la identidad popular, en la forma de vida comunitaria.
Esa llamada interior vertebra una parte sustancial de nuestra convivencia colectiva. Bajo los pasos sudan como costaleros ciudadanos de todas las ideologías agrupados en el mismo sacrificio, en la sublimación física y simbólica del trabajo. La Semana Santa, como fiesta del regreso que también es, los reúne en torno a un sentimiento de pertenencia, igual que marca el tiempo del retorno de muchas familias emigrantes a la geografía de sus recuerdos. Ocurre incluso dentro de las mismas ciudades, donde las cofradías representan la recuperación anual de la memoria de los barrios y les devuelven a los núcleos históricos el protagonismo esencial arrebatado por la moderna configuración urbana.
Eso sí, nada de ello sería posible sin la centralidad de la fe, eje de la conmemoración y médula, como en la Navidad, de su sentido metafísico. Sin embargo, la importancia de esta celebración cenital es su capacidad unificadora, su potencia ecuménica: ese lazo espiritual que la convierte en una insólita, imprescindible fiesta del respeto.

lunes, 18 de marzo de 2013

Manfrotto y mi palio

Fotógrafo by RafaR_S



No hay manera, cada vez que miro a mi palio me encuentro con el manfrotto. No son doce varales, son doce y el manfrotto. Allí está, oscuro, permanente, esquivo y pertinaz. Se mueve, adelanta, nunca se pierde, siempre vuelve. Retorna a su sitio tras caminar por encima de cabezas y capirotes. Las volutas de incienso le envuelven dándole incluso cierta dignidad litúrgica; es portado con cuidado y esmero, se gira a mirar a mi Virgen, calibra la distancia, el lugar y el momento, para, de pronto, abrir sus extremidades e insertarse en el duro asfalto. Y ahí permanece, incólume a las voces del capataz, campante ante las miradas de los fieles, inmune a los azotes del incensario. Impávido, sereno, imperturbable; persiste en su misión hasta el último momento, hasta el golpe final del llamador, incluso aguantará unos segundos más, hasta que las hojas de acanto del respiradero parezcan enormes cuchillos afilados, hasta que el aliento de los costaleros se haya convertido en ciclón, hasta que la túnica del maniguetero se enrede entre sus metales. Será entonces, y sólo entonces, cuando suene el “click” del disparador y decida levantar el vuelo, posarse sobre un hombro displicente y mantener el acomodo siempre delante de mi palio, siempre ante mi Virgen. Capaz seré de presentarle mi vara nazarena y que, en buena lid, decidan quién se ocupa de preceder a la Señora.